Martes, 29 de noviembre de 2011

  La Impaciencia del Corazón, Stefan Zweig (1939) 

Tras "Carta de una desconocida" es quizá mi obra favorita de lo que he leído del gran autor austríaco. Una de sus novelas más extensas (más de 300 páginas), a pesar de lo cual, cada página es tan palpitante como en cualquiera de sus novelas cortas. Sin duda la extensión no era un problema para Zweig, atrapa al lector sino desde la primera página, desde la segunda o, como mucho, desde la tercera.

Una de las características de Zweig como autor, también en lo personal, es su sensibilidad. Sus personajes suelen ser víctimas de la fatalidad, una fatalidad que emana de ellos mismos, de unas emociones/pasiones que no pueden, no saben o no quieren controlar, hasta que es demasiado tarde. Escribía con mucho acierto el crítico Carlos Soldevilla que la tragedia y la fatalidad están unidas en los personajes de Zweig. Pero es una tragedia que no tiene nada de griega. En aquella, son fuerzas oscuras, los dioses, el destino, los que llevan a los personajes a situaciones inexorables. En Zweig, los personajes se pierden a sí mismos y eso queda claro en la narración. Tienen un carácter que llamaríamos débil o voluble, algo que les lleva a situacioes patéticas pero desde una consciencia que hace que la fuerza del relato sea todavía mayor. Es esa lucidez desde las que los protagonistas, esas víctimas de sí mismos, nos hablan, la que conmueve, la que lleva al lector a la reflexión. La capacidad de penetración psicológica de Zweig es brillante, como lo son los soliloquios psicoanalíticos que son habituales en sus protagonistas, excepcionalmente lúcidos para ver sus problemas pero incapaces, habitualmente, de enfrentarlos y superarlos. Todo esto hace que los personajes de Zweig sean profundamente humanos y, quizá por ello, sea muy fácil empatizar con esos individuos y ver un poco de nosotros mismos en ellos. Leyendo a Zweig a veces tienes la sensación de que es un mago que deleita y te envuelve sin que te des cuenta del truco. En parte está en esa capacidad para profundizar psicológicamente en sus personajes y, a la vez, usar una prosa precisa, elegante y que no conoce lo que es la empalagosería. Un autor superdotado.

          

En el caso de "La piedad peligrosa", también conocida como "La impaciencia del corazón" (se titula así en la edición más reciente de Acantilado, por ejemplo), es la piedad el sentimiento, la emoción que transforma y transtorna la vida del joven teniente protagonista. Y la trastorna de un modo realmente trágico para él y para los receptores de esa piedad. Pocos títulos de la obra de Zweig son tan explícitamente descriptivos. La piedad peligrosa: un sentimineto que comienza siendo una emoción feliz para un hasta entonces frío e indiferente chico que se comienza a sentir transformado cuando ve que su presencia y atenciones logran crear una singular felicidad a una familia encogida por el dolor. Llevado por ese ingenuo sentimiento de bienhechor se va dando cuenta del doble filo de sus acciones y de los perjuicios que el dejarse arrastrar por la piedad llevan a su vida y a la de los demás.

En cuanto a dureza, esta obra no tiene mucho que envidiarle a "Carta de una desconocida". Las últimas 100 páginas se leen con una angustia insana por saber el desenlace y la fortuna de los personajes. Magistrales los encuentros entre el joven teniente y el médico. Desde el primero hasta el último. Si alguien lee esta entrada, mi conciencia me obliga decirle: LEE ESTE LIBRO. Si no os gusta, siempre podéis pedirme cuentas, que no dinero.

10/10


Tags: stefan zweig, literatura, la piedad peligrosa, impaciencia del corazon, escuela de viena, 1939

Publicado por ananula @ 20:40  | Literatura
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