Viernes, 23 de septiembre de 2011

  PHELPS Y EL MUNDIAL DE NATACIÓN DE SHANGHAI II.  

 

¿Pensabais que no iba a hacer ya mi análisis a posteriori de los mundiales de Shanghai, eh? No me mintáis, sé que me teníais poca fe. Tras casi dos meses, vengo dispuesta a cumplir mi palabra. Dispuesta a volver la vista atrás y ver un poco lo que terminó siendo la actuación de Michael en los mundiales chinos. No soy nada rencorosa. Le escribí hace unos días en twitter al baltimoreño para que me retuiteara (sí, fue un acto muy gañán) y no lo hizo. Cuanto peor me trata más le quiero. Hay que ver.

Si recordáis, en la anterior entrada, habíamos pasado revista a la actuación de Michael hasta ese día que no estaba siendo lo buena “que se podía esperar”. Ya comentamos que no había preparado en condiciones este mundial, mientras que el nivel de forma de Lochte era extraordinario. También comentamos cómo le quedaban las pruebas más “fáciles” y que esperábamos pleno de oros en ellas. Y así fue, el pronóstico era fácil. La primera de las pruebas fueron los 4x200 libres. Una prueba dominada por EE.UU. y que con Phelps no han perdido ¿nunca? (desde Atenas al menos...). La final, eso sí, fue más apurada de lo esperado. Los franceses dieron guerra hasta el último viraje. La extraordinaria última posta de EE.UU. con Ryan Lochte rompió las dudas y la igualdad (7,02"67 fue el tiempo de los americanos, no muy lejos de su récord del mundo marcado en los anteriores mundiales, 6,58"55). Este era el segundo oro para Michael en los mundiales.

 

La siguiente prueba individual del de Baltimore fueron los 100 mariposa. Una prueba en la que apenas tuvo competencia con un Cavic eliminado en las series (señal del estado de forma en el que llegaba al campeonato). Michael ganó con cierta comodidad. Llegó tercero al viraje (ya conocemos que lo bueno en él viene a partir de los segundos 50). Ganó con un tiempo bastante discreto, 50"71. Detrás de él quedaron el polaco Konrad Czerniak (51"15) y el estadounidense Tyler McGill (51"26). El tiempo no gustó a Phelps e hizo esas muecas de disgusto e insatisfacción que tanto nos gustan, son señal de que el tiburón tiene hambre y de que en las piscinas de Londres encontrará muchos peces que mendrugarse. Los 100 mariposa fueron el tercer oro para Michael.

 

El cuarto se lo adjudicaría en una nueva prueba de equipo: los 4x100 estilos. Podemos decir ya, para ponerle un punto de emoción a esta crónica tan tardía, que es la última prueba que Michael Phelps nadó en unos mundiales de natación. No sé si al leerlo os emocionaréis pero, a la que escribe, le invade la congoja cada vez que lo recuerda. Y, la verdad, es que el colofón estuvo a su altura (cosa bien difícil). La prueba, también dominada con mano de hierro en los últimos años por los estadounidenses, se presentaba con ciertas dudas en esta ocasión. ¿Por qué? Primero porque su nadador en mejor estado de forma, Ryan Lochte, no formaba parte del equipo (me vais a perdonar pero no puedo decir que Lochte es el mejor nadador americano actual estando Phelps de por medio, cuestión de principios). No era esta circunstancia dramática si tenemos en cuenta que Lochte nunca ha nadado esta prueba en los grandes campeonatos (y tampoco había nadado los 100 espalda, prueba que le daría “acceso” a nadar los relevos). El problema es que los primeros espadas habituales en la espalda y la braza: Peirsol y Hansen, no estaban en estos campeonatos. Para sorpresas de algunos (moi, por ejemplo), Shanteau no nadó la braza (teniendo la mejor marca en la prueba), sino que lo hizo Mark Gangloff. Total, que el equipo estadounidense partía con una desventaja importante, con un equipo inaudito y su actuación era más bien una incógnita. Incógnitas todas menos una, para que engañarnos: la gran baza se llamaba Michael Phelps. El Baltimore kid saldría en la tercera posta, la de la mariposa, y con el reto más que probable de remontar la desventaja que le dejaran sus compañeros y pasarle el relevo a Nathan Adrian, el último relevista (posta de libre), en las condiciones más ventajosas posibles. Como ya sabréis, todas estas suposiciones que os estoy contando se convirtieron en realidad. Estados Unidos iba cuarta cuando Phelps se lanzó a la piscina. A casi segundo y medio de los líderes, Japón, y por detrás de Alemania y de Australia. Especialmente preocupante la buena posición de Australia, que tenía como último relevista al nuevo pez bala de la natación mundial: Magnussen. El reto para Phelps era importante y parecía difícil la remontada. Pero por supuesto Phelps remontó. No colocó a EE.UU. en primer lugar, sino en segundo, a apenas tres décimas de los japoneses, que tenían una última posta de libre muy floja y logró distanciar lo suficiente a los australianos como para que Adrian tuviera margen para ganar la carrera. Bueno el margen fueron veinte centésimas, Adrian se hundió en los últimos diez metros de piscina y pareció que Magnussen le iba a alcanzar pero salvó los muebles in extremis. En resumen, una carrera emocionante resuelta por Phelps para EE.UU. Puede que esta afirmación parezca injusta para los demás nadadores estadounidenses que nadaron el relevo. La realidad es que Phelps marcó la diferencia. Sin él y su espectacular remontada en la tercera posta no habrían ganado.

 

Y con este cuarto oro terminó la historia de Michael Phelps en los Mundiales. Nos dejó imágenes simpáticas en la despedida y algunos comentarios emocionados a través de twitter. No es momento para ponerse bizcochona, nos queda mucho Michael por venir: Londres 2012. La última oportunidad para verle. Palabras mayores.


Tags: michael phelps, shanghai 2011, mundiales natación, fina world championships

Publicado por ananula @ 19:39  | Michael Phelps
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