Jueves, 17 de diciembre de 2009
 :.:        Sobre  MICHAEL PHELPS        :.:

Desde que lo escribí pensé en que tenía que ponerlo por el Blog. Es una demostración de hasta que punto tengo una "cierta" Phelpsobsesión... resulta que en una asignatura del máster tenía que escribir un texto del género epidíctico, vamos, un elogio... Poco tarde en dar con el personaje adecuado, sí, Phelps. Lo mejor del asunto es que quedé como una friki delante de la profesora, que creo que tenía otra imagen de mí, y no pensaría que tenía yo estas aficiones. Como todos los textos epidícticos, se trata de buscar convencer, con lo cual, la información está compuesta y organizada de un modo interesado...


El pasado verano, un nombre se inscribió con letras de oro en los anales de la historia del deporte: Michael Phelps. ¿Lo recuerdan? Phelps ganó ocho medallas de oro en los Juegos Olímpicos de Pekín. Hasta ese momento, Phelps era un desconocido para el gran público, a pesar de ser, sin duda, el mejor nadador que ha existido y uno de los mejores deportistas de la historia. Llegado a este punto, el lector puede estarse preguntando cuánto hay de exageración en estas afirmaciones ¿es realmente Michael Phelps uno de los mejores deportistas de la historia? Sin lugar a dudas. ¿Qué le diferencia de otros grandes del deporte? Dos simples adjetivos: constancia y determinación.

Comencemos conociendo algunos datos de su biografía. Michael Phelps nació hace 24 años en un modesto barrio de la industrial ciudad de Baltimore, en la costa este de Estados Unidos. Un barrio popular donde las pandillas forman parte del paisaje natural. Este ambiente, donde la competición y la lucha por la supervivencia marcan el día a día, influirá sobre el carácter de Michael Phelps. Su situación familiar no difería demasiado de la de otros tantos miles de jóvenes estadounidenses. Hijo de padres divorciados, heredará de su madre, maestra, la constancia en el trabajo, de su padre, policía, la disciplina.

Como tantos otros jóvenes, pasó por problemas en el colegio, no lograba concentrarse en clase. Fue entonces cuando Phelps encaró el primer reto de su vida, los médicos le diagnosticaron un trastorno por déficit de atención y le recetaron la preceptiva medicación para controlarlo. Phelps se rebeló, decidió que controlaría su problema sin necesidad de medicación. Aquí entra en juego la natación. Phelps encontró en ella el instrumento perfecto para canalizar su dispersión. Michael comenzó a nadar y empezó a destacar, nadaba más rápido que cualquier chico de su edad y resistía los entrenamientos más duros sin protestar. Allí conoció a su entrenador de toda la vida Bob Bowman, que le ha guiado hasta hoy. Como hemos visto, el primer gran reto de su vida lo consiguió, controló su hiperactividad. No fue más que el comienzo, Phelps se supo fuerte para afrontar más retos. Lo siguiente fue participar en unos Juegos Olímpicos, con quince años  fue el deportista masculino estadounidense más joven en acudir a unos Juegos, los de Sydney en el año 2000, otro reto conseguido. Después, decidió que quería ganar un oro olímpico, en los siguientes Juegos Olímpicos en Atenas, en 2004, ganó seis. ¿Qué sería lo siguiente? Otro nadador estadounidense había conseguido, hacía más de treinta años, ganar siete medallas de oro en unos mismos Juegos Olímpicos, su nombre era Mark Spitz, una leyenda de la natación y del deporte. Phelps quiso igualar ese récord, superar la marca del mayor mito del olimpismo ¿lo adivinan? Efectivamente, el año pasado en Pekín, ganó ocho oros en unos mismos Juegos. Lo volvió a conseguir.

Como vemos la trayectoria deportiva de Phelps se puede resumir en una palabra: Éxito. Esto le coloca al nivel de otros grandes deportistas, pero ¿en qué es distinto a otros campeones de la natación o del deporte? Lo que le hace distinto es su constancia en el tiempo. Si hay algo consustancial al deporte es que siempre se busca alcanzar metas, esto es común en los grandes campeones. El éxito en la carrera de un deportista se puede resumir en la consecución de dos objetivos: lograr ser el mejor en tu disciplina y, no menos importante, lograr el reconocimiento público, a poder ser, mundial. Phelps ha logrado ambos. Nadie le discute su primacía mundial en la natación y su nombre se conoce en todos los rincones del planeta. Valga un dato, la natación no es un deporte precisamente popular. Si consultamos cualquier día de la semana alguno de los periódicos deportivos españoles, las probabilidades de que encontremos entre sus páginas una noticia de natación no es mayor a un 1%. Durante los Juegos Olímpicos la imagen de Phelps ocupó la primera página de los rotativos de carácter general varios días. Convertido en el mejor nadador de la historia, en el deportista con más medallas olímpicas, multimillonario gracias a sus contratos publicitarios, todo esto con 24 años, podría haber acabado con su motivación por seguir nadando, sin grandes objetivos ya por cumplir. Hubiera sido lo normal en la natación. Al margen de Phelps, las dos mayores figuras de la natación mundial han sido Mark Spitz y Ian Thorpe. El primero se retiró a los 24 años tras haber ganado 7 oros olímpicos en los Juegos de Munich de 1972, se dedicó a partir de entonces a rentabilizar su imagen con millonarios contratos publicitarios. Similar camino tomó Thorpe, que se retiró con 25 años tras haberlo logrado casi todo en la piscina, desmotivado y con la ilusión de encarar nuevos retos personales lejos del agua. Ambos perdieron la motivación y acusaron el desgaste que el duro entrenamiento de la alta competición conlleva. Ninguno de los grandes nadadores de la historia ha podido envejecer compitiendo. Hasta Phelps, que parece no acusar este desgaste. ¿Por qué? Es difícil de explicar, sin duda no responde a algo monocausal, pero una de las claves está en su espíritu competitivo. La competición es para él una especie de prueba de supervivencia. Siempre surge un nuevo rival al que batir, una nueva disciplina en la que probar, un nuevo récord o campeonato que ganar. Se puede resumir en que Phelps es feliz compitiendo, al contrario que la mayoría, da lo mejor de sí mismo en momentos de máxima tensión, en las grandes finales, con los mejores rivales.

 A todo esto podemos unir un físico portentoso. Fruto por una parte de la genética, que le ha dotado de una envergadura especial. Su cuerpo es desproporcionado, sus brazos son más largos de lo normal, al igual que su torso, le permiten abrazar más agua que a otros nadadores, sus tobillos son excepcionalmente elásticos, le permiten una menor resistencia al agua y una mayor potencia de propulsión al nadar. Fruto por otra parte, de maratonianas jornadas de entrenamiento. Un ejemplo es el calendario que siguió en el año 2007-2008 para preparar los Juegos Olímpicos de Pekín. En ese año de preparación olímpica entrenó los 365 días del año, sin descansar ni sábados ni domingos, ni mucho menos festivos. Una preparación extenuante, muestra de una simpar constancia que dio sus frutos, coronándole como el mejor deportista olímpico de la historia el pasado agosto en Pekín.

 Volvamos a la pregunta con la que comenzábamos estas líneas ¿por qué Phelps es uno de los mejores deportistas de la historia? No sólo porque su palmarés olímpico y mundial le sitúa como el deportista más laureado,  además encarna los más honorables valores del deporte: el sacrificio, la perseverancia, la lucha, el compañerismo, la conexión con el público, el afán de superación.                       


Publicado por ananula @ 0:06
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