Martes, 19 de agosto de 2008
FINAL 4X100 ESTILOS. Crónica diario MARCA

MICHAEL PHELPS SUPERA A MARK SPITZ CON LA MEDALLA DE ORO EN EL RELEVO 4X100 ESTILOS DE EE.UU.

 

     “La Octava Maravilla”

          

 SANTIAGO SEGUROLA, 17/8/08

El nadador estadounidense completa la prestación más asombrosa de la historia olímpica. Speedo le recompensará con un millón de dólares. Con 23 años, sus límites aún están por determinar.

 

 

Un excelente trabajo del equipo estadounidense impidió cualquier contratiempo para Michael Phelps. Cerró con una nueva medalla de oro su extraordinaria aventura en los Juegos de Pekín, que incluye el cobro de un cheque de un millón de dólares que le prometió hace cuatro años la firma Speedo si mejoraba la cosecha de Mark Spitz. Atrás deja a Spitz, ganador de siete oros en Munich 72, y una multitud de detalles que le consagran como el mejor nadador de la historia.

 

Desde niño se preparó con su entrenador, Bob Bowman, para someterse a los desafíos más extremos. En Sydney 2000 exploró la grandeza y las enormes exigencias de los Juegos Olímpicos. Era un chaval que acababa de cumplir 15 años y llegaba como figurante a la final de los 200 metros mariposa. Fue quinto, pero Phelps y Bowman sacaron conclusiones definitivas: el chico valía y su respuesta a la presión fue impecable. Desde ese momento, Phelps comenzó a procesar los datos que le han llevado a erigirse en un mito del deporte.

 

Bowman ha encontrado en Phelps el perfecto laboratorio humano. Phelps le debe a su entrenador un meticuloso programa de planificación que le ha llevado a la cima del deporte. Pero la deuda de Bowman no es menor. Durante años atravesó por periodos sombríos, sin un puesto relevante en la jerarquizada escala de los entrenadores norteamericanos. Tenía fama de innovador, minucioso y neurótico. Sentía una admiración sin límite por Paul Bergen, el técnico que dirigió a Tracey Caulkins, la nadadora más completa que ha dado Estados Unidos. Un crío de 10 años se convirtió en el nadador que Bowman quería modelar. Era Michael Phelps, hermano de nadadoras, hijo de padres divorciados, con problemas de déficit de atención. De esa ensalada personal surgió el típico chaval que requiere una figura paterna y de una actividad que canalice sus dispersiones. Bowman ya tenía lo que buscaba: un nadador dispuesto a ejecutar sus planes al milímetro. Han pasado 13 años desde entonces y su conexión no se ha deteriorado.

 

Donde ha ido Bowman le ha seguido Phelps. Hace tres años recibió una oferta para dirigir el programa de natación de la Universidad de Michigan. Abandonó Baltimore y se trasladó a Ann Arbor. Le siguió Phelps. El entrenador regresará a Baltimore tras los Juegos. Phelps volverá con él a su ciudad natal. El técnico vigila su trayectoria con ojo de halcón. Nada se le escapa. En Pekín ha ejercido literalmente de guardaespaldas del campeón. Bowman se ha encargado de rechazar entrevistas, establecer un cordón de seguridad y evitarle todo contacto con el exterior. Habían trabajado durante años para completar la semana perfecta. No podía fallar ningún detalle.

 

Adversario real y virtual.

 

La octava medalla de oro resume la colaboración que han mantenido el maestro y el artista. Phelps ha ganado unas pruebas con facilidad y otras le han exigido esfuerzos milagrosos. Ha dependido de su genialidad y de la ayuda de gente como Jason Lezak, el héroe de la victoria del equipo de Estados Unidos en el relevo 4x100 metros libre. Se ha encontrado con toda clase de rivales, algunos de ellos excepcionales, como el húngaro Laszlo Cseh o el estadounidense Ryan Lochte. Ha vencido a adversarios tan fatigados como él y a rivales que han ejercido de francotiradores. Ni tan siquiera la adversidad ha logrado derrotarle. Nadó a ciegas, con las gafas invadidas por el agua, la final de 200 metros mariposa y la ganó. Phelps tiene respuestas para todas las situaciones porque ha sido construido para ganar. Aquí, en Pekín, se trataba de vencer a un adversario virtual: Mark Spitz. Derrotarle significaba conquistar ocho medallas de oro. Ya las tiene.

 

Phelps no permitió que nada estropeará su festival. En la última prueba, el 4x100 estilos, zanjó cualquier duda con un parcial expeditivo en la mariposa. Australia no consiguió remontar: Phelps había marcado demasiadas diferencias. Venció Estados Unidos con un nuevo récord mundial y Phelps coronó su desafío con una nueva medalla. Diecisiete carreras después, había cumplido su sueño. En cada una de sus victorias había logrado un nuevo récord de mundo, excepto en los 100 metros mariposa. Acaba de cumplir 23 años. Queda por saber hasta qué punto ha saciado su apetito ganador. Explorará nuevas pruebas, abandonará los 400 metros estilos y buscará nuevos objetivos. Asegura que competirá  en Londres. Es Phelps: conviene confiar en sus pronósticos.


Fuente: Diario MARCA


Tags: michael phelps beijing

Publicado por ananula @ 18:17  | Michael Phelps
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios