Jueves, 14 de agosto de 2008
FINAL 200 LIBRES. CRÓNICA MARCA

 

 

TERCER ORO DE PHELPS CON RECORD

 

“Beamon en bañador”

           

El estadounidense iguala a Nurmi, Spitz, Carl Lewis y Tatynina con nueve medallas de oro. Logró otro impresionante récord en los 200 libres.

 

Santiago Segurola, 12/08/2008

 

 

Los grandes narradores siempre tienen algo nuevo y diferente que contar. No es posible, por tanto, aburrirse o fatigarse con la saga de hazañas que Michael Phelps protagoniza cada día en Pekín. Un día después de someterse a la emoción más intensa que se ha visto en muchos añós en una piscina, la apretadísima victoria de Estados Unidos en la prueba de relevos 4x100 metros libres, Phelps trasladço al agua una victoria futurista.

 

Su victoria en los 200 metros alcanzó proporciones desconocidas en una final olímpica. Nadie ha sacado tanta ventaja al segundo del cajón, 1,89 segundos, excepto en los Juegos de 1900, cuando el deporte moderno se encontraba en su período de alumbramiento. El segundo clasificado, el surcoreano Park Taehwan, no es un piernas. Sale de Pekín como campeón olímpico de 400 metros y ayer hizo la carrera de su vida en 200, con una marca de 1.44.85 minutos. Sólo cuatro nadadores han bajado de los 1.45, lo que explica la gran carrera de Taehwan. Pero su registro es humano. El de Phelps fue sobrehumano. Venció de punta a punta, batió su record mundial por casi un segundo (90 centésimas) y se convirtió en el primer hombre que baja de la frontera de 1.42: 1.42.96 minutos. No se trata de una marca asombrosa. Se trata de un salto al futuro. En Pekín, Michael Phelps es Beamon en bañador.

 

 

El significado de su victoria adquiere una trascendencia histórica. Igualó a cuatro dioses del deporte –los atletas Paavo Nurmi y Car Lewis, el nadador Mark Spitz y la gimnasta Larissa Latynina- con nueve medallas de oro en su palmarés olímpico, con la absoluta certeza de que hoy conseguirá su décima victoria, esta vez en los 200 mariposa. Estamos por tanto, ante el más grande deportista olímpico de la historia, un genio que persigue en Pekín algo más que ocho medallas de oro, proeza nunca conseguida anteriormente.

 

Phelps ha decidido que cada victoria tiene que dejar huella. Hasta ahora ha batido el récord del mundo en cada una de las finales que ha disputado, en proporciones que se antojan gigantescas. Su arrollador despliegue en los 200 metros libres ofrece todo tipo de lecturas. Una de ellas está relacionada con el drama estadounidense en una prueba que sus nadadores no ganaban desde Montreal 76. Tenía que ser Phelps el hombre que acabara con la maldición.

 

Los 200 metros han adquirido para Phelps una importancia especial. Mariposista de nacimiento, su versatilidad le llevó muy pronto a dominar las pruebas de los estilos. Pero tardó en adentrarse en los 200 metros libres, dominada durante años por Ian Torpe y Pieter Van den Hoogenband, dos colosos de la natación. Hace cuatro años, poco antes de los Juegos de Atemas, el nadador estadounidense se reunió con su entrenador, Bob Bowman. Se hablaba en todos los frentes periodísticos del mismo desafío que ahora: la búsqueda de las ocho medallas de oro. Pero Bowman y Phelps sabían que era un sueño irrealizable. Una carrera se interponía con toda seguridad en el camino: los 20 libres. Phelps no tenía ni las marcas, ni la experiencia, ni la confianza de Thorpe y Van den Hoogenband. El técnico le recomendó que abandonara. No le quería ver derrotado. Pero Phelps se opuso. Quería  competir con los más grandes, aprender, descifrar los secretos de la prueba y sentir el dolor de la derrota para motivarse.

 

En los Juegos de Atenas, Phelps fue tercero en los 200 metros libre, pero logró la mejor marca de su vida. Le dijo a Bob Bowman que nunca había disfrutado tanto. Le gustaba esa carrera. Quería más. Quería hacer en los 200 metros libres lo mismo que había conseguido en las pruebas de mariposa y estilo. Estaba dispuesto a convertirse en el mejor de todos los tiempos. Cuatro años después, su marca empequeñece tanto a Thorpe y Van den Hoogenband que sólo puede explicarse como la aparición de un adelantado a su tiempo. No hubo carrera como tal, Phelps nadó contra la historia, no contra los rivales. El exceso de trabajo le había obligado a reservar energías en las series previas. Pero en estas cuestiones también es un maestro. Con un ojo vigila su rendimiento en las series preeliminares y con el otro calcula que récord monumental  logrará en cualquiera de las finales que salpican su calendario.

 

La de 200 metros fue un monólogo maravilloso. Salió como un obús, pasó por los primeros 100 metros con un tiempo de 50.29 segundos, 0.25 segundos por delante de Park Taehwan y prosiguió su aventura con una perfecta demostración de poderío, control, técnica y resistencia. Llegó como salió: como un rayo. Tocó la pared, se giró y observó en primera fila el duro combate entre Taehwan y Peter Vanderkaay. Llegaban tres metros por detrás de él. Eran dos humanos que luchaban por la plata. Les esperaba un marciano.




Fuente: Diario Marca

Tags: michael phelps beijing

Publicado por ananula @ 19:37  | Michael Phelps
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