Mi?rcoles, 13 de agosto de 2008

FINAL 200 MariposaPhelps se quedó con hambre

 

 

A priori, los 200 mariposa eran una de las pruebas que Michael debía de ganar con más comodidad. Es su prueba fetiche, en la que batió su primer record del mundo en 2001 con sólo 15 años, prueba que ha dominado con mano de hierro desde entonces. Pero Phelps sufrió más de lo previsto, aunque el oro no corrió peligro, sí el record del mundo que había logrado en todas las pruebas anteriores lo batió por apenas unas centésimas.

 

Cuando Phelps salió a la piscina dispuesto a conseguir su cuarta medalla de oro y primera de la tarde, parecía más preocupado de lo normal, algo agitado. Era normal, esa mañana se jugaba dos medallas de oro en apenas una hora. Cuando apenas se hubiera recuperado del primer esfuerzo, tenía que volver a dar lo mejor de sí para conseguir el oro con el equipo estadounidense de relevo 4x200 metros libre.


La carrera comienza con  Michael ligeramente en cabeza. Nunca su primer largo en la mariposa ha sido el mejor, hay nadadores más rápidos que él y era habitual no verle en cabeza. Pero en estos Juegos hemos visto que hasta en eso Phelps había mejorado, lograba colocarse en cabeza en el primer largo con cierta facilidad. La primera piscina se completa con un neozelandés en cabeza, Burmester, que por la calle uno pasa con un tiempo de 25.33, a 7 centésimas del record del mundo, en un esfuerzo suicida. Phelps pasa cómodo en segunda posición en 25:36, a 3 décimas del neozelandés. El viraje, espectacular, de Phelps con su nado subacuático y su potente patada de delfín, le colocan ya en cabeza, pero a distancia escasa de sus rivales. El neozelandés aguanta, sorprendentemente, y pasa el hectómetro a sólo 3 centésimas de Phelps, que marca un tiempo de 53.53, 9 centésimas por debajo de su record del mundo. Se espera el arreón de Phelps, su última piscina siempre es en la que marca la diferencia en carreras ajustadas. Pasa por el último viraje con un tiempo de 1:22:75, 12 centésimas por debajo de su record del mundo. Burmester, que se empieza a desfondar pasa ya a más de medio segundo. El que emerge es Cseh que pasa en tercer lugar a 63 centésimas del estadounidense. En el último largo Phelps mantiene el ritmo, llega con un tiempo de 1:52:03, nuevo record del mundo, superando su propia marca establecida en los pasados mundiales de Melbourne, en 2007, por un corto margen de 6 centésimas.



 

Phelps ganó con cierta comodidad pero no arrasando como en los anteriores oros donde apabulló a sus rivales. A pesar de batir el record del mundo se vio a Phelps claramente contrariado al finalizar la prueba. Miró con acusado desdén el marcador y su marca. Se quitó las gafas y el gorro con enfado. Phelps se esperaba más. Sino hubiese sido por ese gesto contrariado diríamos que claramente Phelps se había reservado. Estaba claro que Phelps había tenido algún problema, salió disgustado de la pileta, con cara muy seria. ¿Existe algún otro nadador o deportista que salga cabreado tras ganar un oro y batir su record del mundo? El nivel de autoexigencia de Phelps impresiona. A la salida de la piscina se acercó al área técnica y con las gafas en la mano gesticulaba y con semblante adusto le comentaba algo a su entrenador, Bob Bowman. Después hemos sabido que Michael tuvo problemas con sus gafas durante la carrera. Parece que las gafas no se le ajustaban bien. De hecho al terminar, Phelps se frotó en repetidas ocasiones los ojos como si le hubiera entrado agua y no le hubiera permitido ello nadar con comodidad y controlar la carrera.



 

La final no fue para nada decepcionante: apretada en algunas fases, con record del mundo. Pero Phelps nos tiene tan mal acostumbrados que esperamos que gane todas sus pruebas con un cuerpo de ventaja sobre sus rivales y eso no siempre es posible cuando tienes un reto tan brutal por delante como él tiene. Apenas una hora después nadaba otra final para colgarse de su fornido cuello su quinto oro. Si fuera otro nadador diríamos que ganó con autoridad la prueba, con Phelps el sentido de la proporción se distorsiona, para él, eso no es ganar con autoridad. Sacarle 67 centésimas al segundo no parece suficiente.


La ceremonia de entrega de medallas de la prueba se celebraba unos minutos antes de la final de los 4x200 libres. Phelps salió a recoger su cuarto oro, con el que se convertía en el atleta con más oros de la historia olímpica. Casi nada. Paradójico, Phelps seguía con la cara de decepción con la que salió de la piscina tras los 200 mariposa. Si en las anteriores entregas de medallas le vimos feliz, distendido, radiante, en esta se le veía tenso, impaciente, quería que la ceremonia pasara rápido. El himno de Estados Unidos debió de hacérsele eterno. Bajo del podio como un rayo he hizo, probablemente, el paseíllo de campeón más rápido de la historia. A los pobres Cseh y Matsuda que le acompañaron en el podio, les amargó la celebración (sobre todo al japonés inesperado bronce) no les dejó saborear las medallas, mientras ellos posaban para los reporteros gráficos, Phelps los dirigía con ritmo infernal, como si no hubiera salido aún de la piscina, hacia los vestuarios. Hasta en el paséillo les sacó un par de metros de ventaja. La final de los relevos 4x200 comenzaba en unos 5 minutos, Phelps se jugaba mucho, no estaba para tonterías.




Tags: michael phelps beijing

Publicado por ananula @ 20:28  | Michael Phelps
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