
SERGI LÓPEZ 12/08/2008
No sé si es plástica, pero la brazada de Phelps me gusta porque coge mucha agua. Su gesto es como el de un pitcher. Cuando tira la bola, se ayuda con la cadera. A la que coge agua con una mano, rota para el lado opuesto con la cadera, ayudando a empujar el brazo que arrastra y recuperando con el otro. Mantener la cadera arriba, sólo con agua de la que llamamos blanda por encima, es muy importante para dar ritmo y fuerza a las brazadas. Ryan Lochte nada muy parecido.
Phelps carece de velocidad punta, por eso no hará nunca los 50 libre. También es por eso por lo que, en los 100, vuelve mejor que va. En la prueba de 4x100, Sullivan pasó por el primer 50 en 22,48s, mientras que él lo hizo un segundo más tarde, en 23,31. Sin embargo, en el segundo 50 recuperó y terminó a 20 centésimas. Se le queda corta la piscina. Si las carreras se nadasen sobre 120 metros, iría sobrado. De momento, con lo que tiene le alcanza para lograr la segunda mejor marca de todos los tiempos. Y sin preparación específica.
Phelps está tan bien entrenado para nadar sin respirar que es capaz de meter 10 ó 12 patadas para impulsarse por debajo del agua a la salida de un viraje. La mayoría no pasan de seis. La diferencia es la que consiguió en la final de 200 metros del Mundial de Montreal, por ejemplo, cuando sacó metro y medio a todos sus rivales en el último viraje. Yo aprendí a trabajar esa técnica gracias al entrenador húngaro Joseph Nagy, que fue uno de sus pioneros a principios de los ochenta. Desde entonces, la natación se ha nutrido de una posibilidad nueva. Phelps la explota como nadie. Sobre todo en el libre
Fuente: elpais.com