Mi?rcoles, 13 de agosto de 2008

CRÓNICAS DE EL PAÍS:
         "La rutina fantástica"

Phelps se vale de su técnica bajo el agua y de su resistencia para establecer una nueva marca en 200 metros libre

DIEGO TORRES - Pekín - 13/08/2008

 "Como un montón de pasta y pizza", respondió Michael Phelps cuando le preguntaron por lo que hace en Pekín cuando no está metido en el agua. Otro periodista le preguntó en qué piensa mientras nada. Su réplica conectó directamente con la doctrina taoísta: "En nada".

En la natación, hay carreras que recrean el combate fatal de la vida. Hay carreras que miden la clase, carreras que miden la velocidad y carreras que ponen a prueba la resistencia, el carácter y la fuerza bajo amenaza de hundimiento. En estas últimas, batir el récord del mundo es más complicado porque sólo destacan unos pocos. Los 200 metros libre y los 200 mariposa se inscriben en esta clase de pruebas. Para imponerse es preciso tener mucha clase. Sin clase, el déficit de oxígeno hace estragos.

Phelps posee una combinación de sensibilidad para el agua y de resistencia física única que ayer le permitió nadar los 200 libre solo, en otra dimensión, y acabar en menos de 1m 43 segundos. La marca derribó un muro psicológico. No hay bañador, no hay tecnología, capaz de ayudar a nadie a nadar tan rápido a lo largo de cuatro piscinas. Hasta los 100 metros el efecto de los nuevos bañadores-flotadores es potente y la fuerza sirve más que nada. A partir de ese punto, los nadadores están solos con su organismo y empiezan a sentirse muy pesados. En 2001, Ian Thorpe hizo 1m 44,69 segundos y se convirtió en el primer hombre en bajar de 1m 45s. Aquello fue un hito en la historia del deporte. Phelps le superó en los Mundiales de Melbourne, y ayer siguió horadando la piedra. Nadó en 1m 42,96s y se colgó su tercer oro. La hazaña tuvo matices rutinarios, como todo lo que hace Phelps. Pero fue una hazaña.

La primera virtud de Phelps para afrontar las pruebas de 200 metros es la habilidad. Russell Mark, experto en biomecánica de USA Swimming, la federación estadounidense, manifiesta un escepticismo muy científico: "Cuando el agua rodea a alguien que se desplaza de forma antinatural, es muy difícil medir lo que sucede realmente. La dinámica de fluidos no explica la eficacia de Phelps". Su entrenador, Bob Bowman, admite que lo más evidente es pensar que su envergadura, de más de dos metros, le permite mover más agua en cada brazada. Durante la prueba de 200 libre que ganó hace un año en Melbourne, hizo ocho ciclos menos de brazada que Peter van den Hoogenband, un campeón olímpico y un ex plusmarquista.

El propio Phelps explica que en las carreras de 200 metros se aprovecha de su técnica bajo el agua: "Desde los Juegos de Atenas 2004 he hecho un avance muy significativo. Mi mayor evolución ha sido en el nado bajo el agua. En los Mundiales de Melbourne estuve depurando mi patada de delfín. Ahora mi salida es perfecta. He podido determinar exactamente el número de patadas que tengo que hacer para cubrir los metros necesarios antes de salir a la superficie a dar la primera brazada y todo ha encajado bien en la ecuación".

La segunda virtud de Phelps es la resistencia, imprescindible para sostener la velocidad durante 200 metros. Uno de sus entrenadores en la Universidad de Michigan, Fernando Canales, explica su método para prepararse: "La aparición de la fatiga es inevitable en una carrera en la que tienes que hacer un trabajo anaeróbico. La cuestión no es frenar la producción de ácido láctico, sino producirlo paulatinamente y según un patrón. Para eso se hacen los análisis de sangre en la piscina después de cada competición. Con los resultados se obtiene un patrón. Cada nadador tiene el suyo: todas las brazadas y las patadas que se dan hasta la aparición del lactato están medidas. Con ese patrón coreografiamos las carreras y maximizamos el aprovechamiento de la energía. Michael es capaz de retrasar la producción de lactato porque tiene un fondo físico impresionante. Una vez que entra en déficit de oxígeno, tiene una capacidad muy grande para soportar la fatiga".

Los libros recogerán para siempre la fecha y el lugar. Lo de ayer fue una despedida. Ahora el chico ve más cerca el principio de su nueva vida. Una vida más fácil, en la que no tenga que volver a nadar más de 200 metros para ganar una carrera. Una vida que le permita pensar poco, sobre todo en el agua, y comer muchas veces en Fortunato's, el restaurante de la esquina de la casa de su madre. Según Phelps: "La mejor pizza de Baltimore".

Fuente: Elpais.com


Tags: michael phelps beijing

Publicado por ananula @ 19:54  | Michael Phelps
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