
Phelps llegó a su primera final olímpica sometido a una gran presión. ¿Qué pasaría si no ganaba el primer oro después de todos los anuncios que se habían hecho? ¡Lo machacaban! Necesitaba una victoria y acudió a la piscina amenazado por varios frentes. Ryan Lochte lo había apretado sin parar en los trials después de superar una lesión de tobillo. Sin estar a punto. Lochte le había puesto en apuros obligándole a establecer el récord del mundo para ganar. Phelps esperaba que en Pekín su adversario nadase más rápido todavía. Esto le preocupaba. Sin embargo, Lochte se hundió mientras Phelps se crecía. Al verlo allí, en vivo, me di cuenta de que lo que hacía era inhumano. Más allá de sus aptitudes fisiológicas, de su cuerpo especialmente dotado, de la postura perfecta de su columna, Phelps demostró que está en una condición mental y física increíble. Lo dice su récord. Y lo dicen las marcas que no se publican. Las que ha hecho en las últimas semanas en los entrenamientos.
Dejemos los entrenamientos prodigiosos. Volvamos a la competición. Tal vez el duelo se prolongue. Tarde o temprano, Lochte le ganará alguna prueba a Phelps. Pero desde hace cuatro años el debate se ha terminado. Ni Spitz ni Thorpe han logrado algo parecido. No necesita colgarse ocho oros para llegar a la cumbre. Lo que Phelps ha hecho hasta ahora le convierte en el mejor de todos los tiempos. No tengo ninguna duda. Es increíble.
Sergi López fue el primer medallista olímpico español. Ganó el bronce en la prueba de 200 metros braza en Seúl 88.