Martes, 12 de agosto de 2008

EL ANÁLISIS DE SANTIAGO SEGUROLA: Final de los 4x100m. libres

 

“Phelps se Acerca al Paraíso”

 

Lezak, el último relevista de Estados Unidos, le dio el triunfo en una reacción salvaje. Sin esa medalla se acababa el reto.

 

Jason Lezak es un excelente nadador, con un historial más trufado de decepciones que de éxitos en los Juegos Olímpicos. Logró su única medalla de oro como último relevista en la final de los 4x100 metros estilos, en los Juegos de Atenas 2004. Pero toda su trayectoria olímpica le desacreditaba como figura. Hasta ayer. A punto de cumplir 33 años, el nadador más veterano del equipo norteamericano completó la carrera de su vida, la llave que abre las puertas del paraíso a su compañero Michael Phelps. El deslumbrante relevo final de Lezak dio la victoria a Estados Unidos frente a los franceses, favoritos antes y durante toda la carrera. Excepto en el último metro. En una reacción salvaje, Lezak derrotó a Alain Bernard, la estrella del equipo francés de 4x100 metros libres, integrado por cuatro nadadores cuyas marcas figuraban entre las 20 mejores de todos los tiempos. Entre ellos Bernard, el gigante de 2,05 metros que había conquistado el récord mundial en marzo, con una marca de 47.50 segundos. ¿Cómo suponer la derrota de este cañón en bañador? ¿Cómo sospecharlo antes de lanzarse con una ventaja de seis décimas de segundo sobre Lezak? Lo que ocurrió se escapa a la lógica y manifiesta de nuevo que el deporte alcanza toda su grandeza con proezas insensatas.

 

Lezak, el viejo, el nadador tantas veces desacreditado por su incapacidad para funcionar en las grandes competiciones, venció al coloso francés en una carrera inolvidable. Entrará en la historia por muchas razones: por el record mundial, por la octava medalla de oro que otorga a Phelps en su trayectoria olímpica, por el record mundial (47,24s) de 100 metros que obtuvo el australiano Eamonn Sullivan en el primer trecho de los relevos, por la presencia de un nadador negro en el equipo estadounidense, por los incontables detalles y secretos que guardó la carrera, pero, sobre todo, por el coraje de Lezak para negarse a la derrota. Hace ocho años, en los Juegos Olímpicos de Sydney, su compañero Gary may Jr., un bocazas de buena cuna, aseguró que los estadounidenses aplastarían a los australianos como guitarras contra el suelo. Lezak integraba aquel equipo. Vencieron los australianos y aparecieron en el podio parodiando a una banda de guitarristas de rock. Pocas veces, la natación estadounidense se ha sentido tan humillada.

 

En los Juegos de Atenas, Lezak llegó con la mejor marca de la temporada. No le sirvió para calmar su inseguridad. Se estrelló en las eliminatorias y no entró en la final. Tampoco le ayudó su fracaso, y el de todo el equipo, en la final de los 4x100 metros libres, donde Sudáfrica se impuso con una autoridad incontestable. Ese día, el segundo del programa olímpico, Michael Phelps supo que no igualaría las siete medallas de oro de Mark Spitz. Quizá el viejo Lezak debió pensar que le debía una reparación a Phelps. O que era hora de terminar con su fama de perdedor. El caso es que nadie daba un dólar por él y por los americanos. Eso significaba que el sueño de Phelps se rompía nuevamente. No podría ganar ocho oros.

 

Phelps hizo un trabajo impecable como primer relevista. Apenas una hora después de clasificarse para la final de los 200 metros libres, encabezó el cuarteto estadounidense con una actuación excepcional. Con una marca de 47:51 segundos batió el record norteamericano (en las puestas de relevos, los récords de la primera posta cuentan como individuales), a tan sólo una centésima de la marca mundial que estableció Alain Bernard en marzo. La grandeza de la carrera de Phelps fue tal que Phelps fue segundo tras el australiano Eamonn Sullivan, que batió el récord mundial con un registro de 47,24 segundos. Pero el peligro para Estados Unidos venía de Francia.

 

Durante todo el año, el equipo francés de 4x100 ha merecido portadas, reportajes y la consideración de faro olímpico de Pekín, Un equipo extraordinario, sin duda: Amaury Leveaux, Fabian Gilot, Freddy Bousquet y Alain Bernard. El segundo relevo no despejó dudas. Garret Webber Gale, el campeón americano, sostuvo a Gilot, pero la formidable demostración de Bousquet en el siguiente tramo (46,63s) dejó a los estadounidenses al borde del abismo. Cullen Jones, el nadador nacido en el Bronx, perdió un segundo con respecto al sprinter francés. Todo el escenario estaba preparado para el atronador cierre de Bernard, el hombre del año en los 100 metros. Saltó con seis décimas de ventaja sobre Lezak, con el poderío que otorga el récord del mundo, con todo el viento en las velas. Pero el deporte es fértil en imprevistos. Milagros lo llaman algunos.

 

Bernard mantuvo su ventaja en los primeros 50 metros y dobló en la pared. Allí comenzó la proeza. Lezak comenzó a recortarle la ventaja centímetro a centímetro. A falta de 25 metros, estaba por detrás pero había alguna esperanza. A diez metros de la pared el público comenzó a rugir: el viejo tenía al favorito a tiro. Fue un final memorable que Lezak concretó con más coraje y determinación por la victoria. Tenía que ganar por él, por el equipo, por su historia de fracasos y por un compañero que quiere hacer historia en Pekín. Y ganó con el mejor relevo de todos los tiempos; 46,06 segundo frente a los 46,73 de Bernard. Ocho centésimas separaron a Estados Unidos de Francia. El récord del mundo cayó destrozado por casi cuatro segundos: 3:08:24 frente al 3:12:23. Al borde la piscina, Phelps, siempre contenido en las celebraciones comenzó a rugir de tal manera que se le marcaron los tendones de todo el cuerpo. Alguien le acababa de entregar las llaves del paraíso, un veterano al que le deberá la cima que está a punto de alcanzar.”


Fuente: Diario Marca

Tags: michael phelps beijing

Publicado por ananula @ 20:27  | Michael Phelps
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios