Una carta, Stefan Zweig (1930?)
Relato breve que en su estilo epistolar encuentra puntos de contacto con "Carta de una desconocida". De nuevo, la redactora de la carta se confiesa ante el receptor (en este caso receptora). Le confiesa un secreto que afecta a la vida de ambas. Sin embargo, el "secreto" es más amable que en el caso de la obra llevada al cine con maestría por Max Ophüls.

Es un secreto sobre una pasión de la infancia que se vuelve a cruzar en la vida de una ya madura protagonista.
Resulta difícil encontrar una obra de Zweig que sea decepcionante. Por el momento, todavía no me he encontrado con ninguna (la que menos me ha gustado, probablemente, sea Los milagros de la vida, de ahí a que sea un mal relato, va un trecho). Unas historias pueden gustar más que otras. Ser más ligeras o más intensas, pero siempre tienen ese algo reconocible del estilo del autor que es su capacidad para atrapar.
De "Una carta" me quedo con la descripción inicial que la protagonista hace del cansancio de la rutina de su vida y sus ensoñaciones y evocaciones; y el recuerdo de la gran pasión de su juventud. Quién no se siente, aunque sólo sea un poco, identificado con el amor desbocado que se siente en la juventud (quizá una de las partes del relato que más recuerdan a "Carta de una desconocida"). El epílogo es emocionante, en este caso, la piedad si da beneficios. Debe ser cuestión de saber administrarla.
Tags: stefan zweig, una carta
La Impaciencia del Corazón, Stefan Zweig (1939)
Tras "Carta de una desconocida" es quizá mi obra favorita de lo que he leído del gran autor austríaco. Una de sus novelas más extensas (más de 300 páginas), a pesar de lo cual, cada página es tan palpitante como en cualquiera de sus novelas cortas. Sin duda la extensión no era un problema para Zweig, atrapa al lector sino desde la primera página, desde la segunda o, como mucho, desde la tercera.
Una de las características de Zweig como autor, también en lo personal, es su sensibilidad. Sus personajes suelen ser víctimas de la fatalidad, una fatalidad que emana de ellos mismos, de unas emociones/pasiones que no pueden, no saben o no quieren controlar, hasta que es demasiado tarde. Escribía con mucho acierto el crítico Carlos Soldevilla que la tragedia y la fatalidad están unidas en los personajes de Zweig. Pero es una tragedia que no tiene nada de griega. En aquella, son fuerzas oscuras, los dioses, el destino, los que llevan a los personajes a situaciones inexorables. En Zweig, los personajes se pierden a sí mismos y eso queda claro en la narración. Tienen un carácter que llamaríamos débil o voluble, algo que les lleva a situacioes patéticas pero desde una consciencia que hace que la fuerza del relato sea todavía mayor. Es esa lucidez desde las que los protagonistas, esas víctimas de sí mismos, nos hablan, la que conmueve, la que lleva al lector a la reflexión. La capacidad de penetración psicológica de Zweig es brillante, como lo son los soliloquios psicoanalíticos que son habituales en sus protagonistas, excepcionalmente lúcidos para ver sus problemas pero incapaces, habitualmente, de enfrentarlos y superarlos. Todo esto hace que los personajes de Zweig sean profundamente humanos y, quizá por ello, sea muy fácil empatizar con esos individuos y ver un poco de nosotros mismos en ellos. Leyendo a Zweig a veces tienes la sensación de que es un mago que deleita y te envuelve sin que te des cuenta del truco. En parte está en esa capacidad para profundizar psicológicamente en sus personajes y, a la vez, usar una prosa precisa, elegante y que no conoce lo que es la empalagosería. Un autor superdotado.


En el caso de "La piedad peligrosa", también conocida como "La impaciencia del corazón" (se titula así en la edición más reciente de Acantilado, por ejemplo), es la piedad el sentimiento, la emoción que transforma y transtorna la vida del joven teniente protagonista. Y la trastorna de un modo realmente trágico para él y para los receptores de esa piedad. Pocos títulos de la obra de Zweig son tan explícitamente descriptivos. La piedad peligrosa: un sentimineto que comienza siendo una emoción feliz para un hasta entonces frío e indiferente chico que se comienza a sentir transformado cuando ve que su presencia y atenciones logran crear una singular felicidad a una familia encogida por el dolor. Llevado por ese ingenuo sentimiento de bienhechor se va dando cuenta del doble filo de sus acciones y de los perjuicios que el dejarse arrastrar por la piedad llevan a su vida y a la de los demás.
En cuanto a dureza, esta obra no tiene mucho que envidiarle a "Carta de una desconocida". Las últimas 100 páginas se leen con una angustia insana por saber el desenlace y la fortuna de los personajes. Magistrales los encuentros entre el joven teniente y el médico. Desde el primero hasta el último. Si alguien lee esta entrada, mi conciencia me obliga decirle: LEE ESTE LIBRO. Si no os gusta, siempre podéis pedirme cuentas, que no dinero.
10/10
Tags: stefan zweig, literatura, la piedad peligrosa, impaciencia del corazon, escuela de viena, 1939
El Hombre invisible, H.G. Wells (1897)
Me gustan los libros fáciles de leer. Esos de aventuras/misterio en los que el autor va al grano.
Esos en los que el escritor escribe sin abusar de las subordinadas y usa una narración sencilla y fluida. Esos libros que te enganchan y sumergen en la historia desde el comienzo. El hombre invisible entra dentro de esta categoría de libros sin grandes aspiraciones o con una gran aspiración: entretener. El estilo de narración me ha recordado mucho a los Sherlock Holmes de Conan Doyle, unos de mis libros preferidos (un estilo muy decimonónico finisecular). Tiene otras cosas interesantes como la reflexión sobre el poder y la degeneración moral; ética y ciencia; y la violencia. Se lee en un pispás y da para pasar un buen rato.
7/10
Tags: el hombre invisible, the invisible man, H. G. Wells, Literatura, Libros leidos en 2011
Este pasado fin de semana se celebró el Gran Prix de Minnessota, la primera de las siete paradas de las Gran Prix Series de natación estadounidenses. Allí tuvimos a Michael, impresionando al personal en el comienzo de temporada con cinco victorias en cinco pruebas nadadas. Sensaciones inmejorables sobre las que podéis leer en el ahora "blog madre" sobre Phelps, Phollowing Phelps. Reacciones, fotos y videos en el nuevo blog (yo aquí sigo publicitando el otro blog, no tengo vergüenza, no)
Tags: Michael Phelps, Gran Prix Minneapolis, natacion, swimming
Tras los mundiales de Shanghai este verano decidí abrir un nuevo blog monográfico dedicado a Michael Phelps. Se trata de un blog más informativo y con menos opinión que éste que estáis leyendo. La intención era (y es) acompañar a Michael en éste su último año en la competición con la ilusionante meta de los Juegos Olímpicos de Londres 2012 en el horizonte. Esto no significa que abandone el comentario de Michael por aquí, aunque es posible que me concentre en el nuevo blog, y esta parcela [Michael Phelps, tema fetiche de este blog] quede más abandonada, será cuestión del tiempo libre que tenga, que me temo que no va a ser suficiente para atender todo lo que me gustaría a ambos lugares.
Desde aquí, pretendo hacerle un poco de publicidad al nuevo blog. Me vais a perdonar el autobombo, que es una costumbre de bastante mal gusto, bien lo sé. Pero me gustaría invitaros a visitarlo y a participar. En las buenas épocas de Michael en competición, sus posts tienen muchas visitas (más de las que sin duda los textos aquí posteados merecen) y recuerdo con emoción los numerosos correos que recibí tanto en los Mundiales de Melbourne en 2007 (creo que lo he dicho en alguna ocasión pero es mi competición preferida de Michael, junto con Beijing, vale, pero en mi corazón está al mismo nivel) como en los Juegos Olímpicos de Pekín en 2008. Os invito a acomparños en este viaje de 10 meses con el de Baltimore. El blog aún está en pañales pero se irá construyendo poco a poco y con mucha ilusión.
A la par que este nuevo horizonte phelpense en la blogosfera, han nacido un par de herramientas sociales de acompañamiento en twitter , facebook y tumblr a las que también me gustaría invitaros. Nada más, estoy escribiendo esto y me siento como una de estas locutoras de la teletienda. A pesar de lo cual, esta entrada no puede ser cerrada con otra cosa que no sea un grito de guerra pro-baltimireño: Go Michael!
Tags: michael phelps, phollowing phelps, natacion
Los amables visitantes de este blog (os quiero) sabéis que no suelo seguir mucho orden en las entradas del blog. Voy comentando en cada momento lo que me apetece según va surgiendo y, habitualmente, son temas sin mucha relación unos con otros. No pretendo cambiar esta costumbre, pero sí he pensado en abrir un par de “secciones” más o menos regulares en las que comentar algunos temas que me interesan, como la relación entre cine y literatura. Últimamente, elijo muchas de mis lecturas en relación con las correspondientes adaptaciones cinematográficas. Si una película me ha gustado, busco el libro. En otras ocasiones, el orden se invierte, y leo el libro antes de ver la película. Por este motivo, he pensado condensar en una sola entrada en el blog las opiniones comparadas entre libros y pelicula/s. El tópico dice que las novelas suelen ser mejores que las películas. Los motivos arguídos son varios: la dificultad de condensar en dos horas todo el universo desarrollado durante decenas o cientos de páginas, la libertad imaginativa que nos permite los libros, donde construimos con el escritor la historia, algo que no sucede tanto el cine que nos da las imágenes ya hechas, etc. Como todos los tópicos, tienen mucho de verdad pero no toda la verdad. De hecho, el primer libro con el que “estreno” sección contraría el tópico, al menos para mí.
EL VELO PINTADO, Somerset Maugham (1925)



En el año 2006, el director John Curran dirigía la segunda adaptación de la novela de Somerset Maugham. Fue mi primer contacto con la historia de Somerset Maugham. Una historia protagonizada por Naomi Watts y Edward Norton que me entusiasmó en su día y a la que dediqué exaltadas e inocentes entradas en el blog (hace cinco años ya). Desde aquel día tuve entre ceja y ceja hacerme con la novela. Busqué en la biblioteca y en algunas librerías en su momento pero no la encontré. De forma intermitente, tampoco con excesivo ahínco, me acordaba de la novela y volvía a buscarla de forma infructuosa, así fueron pasando los años hasta que por fin, en 2011, me hacía con el libro en formato bolsillo y con su cubierta cinematográfica. Durante todos estos años, El velo pintado se convirtió para mí en un libro anhelado. Aún más desde que el año pasado había localizado la versión cinematográfica de 1934 de Richard Boleslawski, protagonizada por Greta Garbo y Herbert Marshall. Esta primera adaptación cinematográfica de la novela me gustó mucho menos que la de Curran. Es una película correcta, que no tiene ni la belleza visual ni la intensidad dramática de la segunda. Destacaba el buen papel de la Garbo, protagonista absoluta y deslumbrante en la película. La película contenía algunas diferencias narrativas en la historia que me despertaba curiosidad su relación con la historia original de Maugham. Por ejemplo, el final amable de la adaptación de 1934, muy moralista, entendía que respondía más a la “autocensura” del cine americano (ya influido por el Código Hays) que a lo que podía haber escrito Maugham, comparándolo con el estupendo final de la versión de Curran.
En resumen, me había construido unas expectativas enormes respecto a la novela y pocas veces habré empezado a leer un libro con tantas ganas. El comienzo fue, en este sentido, un poco desangelador. Es la parte de la novela que menos me gustó. En los últimos meses me he acostumbrado a leer a Stefan Zweig (ahora mismo diría que mi autor favorito), un autor muy dotado para la descripción de los personajes y lo hace de una forma muy concisa y sencilla. Quizá por ello, la excesiva verborrea de esa parte de la novela me resultó cargante. El personaje de Kitty, es una mujer muy dentro de los tópicos femeninos de la época: superficial y frívola. Maugham se recrea en ello, y nos hace conocer cada uno de los poco interesantes pensamientos de Kitty. La historia mejora hacia el segundo tercio, cuando la historia rompe y aparece el nuevo escenario: Mei-Tan-Fu. Se torna más reflexiva y las relaciones entre los personajes, son mucho más interesantes. Lo cierto es que la novela, en esta segunda mitad, coge unos rumbos muy distintos a los de las dos adaptaciones cinematográficas. Es más dura y menos condescendiente con los personajes. Y la historia entre Kitty y Walter es muy distinta en todos los aspectos... Las mejores frases de la novela aparecen en esta segunda parte:
Como si alguna mujer amara a un hombre por sus virtudes
Unos buscan el Camino en el opio, y otros en Dios, unos en el whisky y otros en el amor. Es siempre el mismo Camino y no lleva a ninguna parte.
Me pasó hace no tanto con Nunca me abandones, busco las películas en los libros y termino algo decepcionada de los libros, no porque sean malos, sino por la frustración de no encontrar lo que deseaba. Comparando el libro con las películas, mi preferida es la versión de Curran de 2006. Coge lo mejor del libro y se inventa otras cosas que le dan todo el encanto que tiene la película. El final de ésta es mucho mejor que en la primera adaptación cinematográfica y que en el libro, más “odiseaico” y con un punto de emoción más explícito.
- Somerset Maugham (1925) - 6/10
- Richard Boleslawski (1934) - 6/10
- John Curran (2006), 10/10
Tags: el velo pintado, the painted veil, somerset maugham, john curran, cine y literatura
Historias de Filadelfia, George Cuckor (1940)
Hace unas cuantas semanas (¿junio?), en un tiempo de cierto agobio, decidí ponerme una noche Historias de Filadelfia. Hacía tiempo que no la veía. Sucedió uno de esos milagros que no pasan con muchas películas: terminé embargada por una absurda alegría.

Lo peor que se le puede achacar a Historias de Filadelfia es la fama que la antecede como una de las comedias míticas de los 40, los extraordinarios nombres de su reparto, los Oscars que ganó, etc. A veces todas estas circunstancias pesan y hacen que se predisponga el ánimo y las expectativas terminen siendo inalcanzables. Quizá uno de los aspectos por los que en los últimos tiempos se suele desdeñar Historias de Filadelfia es que su autor sea un director como George Cuckor, considerado un mero artesano, lejos del Olimpo de los grandes autores de la Historia del Cine. Un director injustamente infravalorado. Quizá también, el que fuera un éxito de taquilla y crítica en su tiempo y que su fama haya perdurado tanto a lo largo de las décadas que han producido cierto desgaste. No se puede negar que algunos elementos de la historia, están algo desfasados, como los usos y costumbres sociales, lo que pudiendo quitarle pegada a la historia, al contrario, lo que hace, es darle un especial encanto, el de un tiempo ya pasado aunque no tan lejano.

A medida que pasan los años van cambiando los gustos y preferencias. Es algo inevitable. A veces con dolor, podemos ver como películas que nos entusiasmaron en un momento determinado, no han aguantado bien su “revisión” pasados los años. Con otras sucede lo contrario, parece que las redescubrimos de un modo entusiasta. En cierto modo, puedo decir que me ha pasado esto con Historias de Filadelfia, no es que la haya redescubierto, pero me ha conquistado como no lo había hecho antes. Ahora mismo, la colocaría en mi lista de películas favoritas. ¿Por qué? Por la extraordinaria macedonia que sale de la combinación de varios elementos. Un texto brillante, con frases, juegos de palabras y situaciones maravillosas. Un reparto magnífico, en los que cabría destacar a una excepcional Kate Hepburn, en un papel hecho a su medida, de mujer decidida y de carácter que a la vez es capaz de comprender sus debilidades y fallos. Un Cary Grant, que sin tener el mejor papel de la película es imposible no sucumbir, más o menos, antes o después, a su encantadora presencia. Y luego están mis dos personajes favoritos: la señorita Imbrie y Macaulay O´Connor. Imbrie tiene una presencia breve y, sin duda, los mejores textos de la película. Un personaje lleno de suspicacia e ironía, presente como una sombra y con cara de “eterna perdedora” durante toda el film. Luego está James Stewart, que se llevó el Oscar al mejor actor de reparto. Su único Oscar y ¡qué bien dado! Mi personaje favorito de la película y por mérito, ante todo, de Jimmy. Da vida a un escritor frustrado que odia su trabajo en una revista de cotilleos pero que necesita su trabajo para sobrevivir. Orgulloso, lleno de prejuicios y arisco vive una particular aventura en la casa de los Lord. El verano pasado idee hacerme un recorrido por su filmografía que no he concluido (ni de lejos) pero lo visto me ha permitido darme cuenta de que es uno de mis actores más queridos. Me gusta su versatilidad, me lo creo tanto en drama como en comedia. En Historias de Filadelfia tiene algunos momentos cómicos de altura. Las escenas de su llegada a la casa y sus choques con los mayordomos son geniales. Con ese estilo patoso a lo Goofy. Qué decir, de su bis a bis con C.K. Dexter Heaven, con unas copas de más en su casa. Una de mis partes favoritas de la película.
O mi parte favorita de la película, el burbujeante encuentro en la piscina entre Mike (Stewart) y Tracy (Hepburn), en el que saltan chispas. Increíble la química que existe entre los dos actores que están espectaculares. Me gusta hasta lo cursi que se pone Stewart. Ahora creo recordar que en la obra de teatro, el papel de Stewart lo hacía Joseph Cotten, otro actor estupendo, pero más guapo. Hubiera sido muy curioso ver el tono que tenía Mike en su piel, me resulta difícil imaginarlo en otro que no sea Stewart. Tiene un toque más altivo y distante, quizá más intelectual para ese papel que Cotten.
10/10