

Ya que toda la actualización de videos, artículos y noticias de los últimos días en Roma que voy a colocar ahora van con retraso, quiero al menos adelantarme a una de las dos únicas competiciones que nos quedan por ver de Michael en Roma, los 100 mariposa. La cita es esta tade a eso de las 18:49.
Se presenta como el gran duelo de los mundiales, como la final más esperada. La revancha de Cavic tras su apretada derrota en los pasados Juegos Olímpicos (todavía mucha gente cree que ganó él...). Para muchos, creyentes en las tesis conspiranoicas, sería hacer justicia la victoria del estadounidense de nacionalidad serbia, sobre el mediático campeón olímpico. En el duelo se ha unido un tercero a la discordia, el español Rafa Muñoz que, sinceramente, creo que no tiene nada que hacer entre los otros dos. Si se rajó con Cavic en la final de los 50, teniendo el récord del mundo, dudo que soporte la presión de esta final, sobre la que tienen puestos los ojos medio planeta. He de comentar que el españolito me parece un fanfarrón, que no siendo aún nadie en el mundo de la natación, se pavonea como una estrella
Y enlazamos retraso con retraso en la cobertura de estos mundiales... Debería dedicarme a tiempo completo todo el día para lograr llevar esto actualizado. Otros años más o menos lo hacía pero este no puedo... al decir esto me siento vieja, acumula responsabilidades... sobra decir que no me gusta un pelo (me estoy acostumbrando a ello supongo). Estos mundiales de Roma son los más polémicos que se recuerdan, y para tratar el tema realizaré a propósito un corta pega de artículos de El País, fundamentalmente, que nuevamente han realizado una buena cobertura del evento. Que no se me malinterprete pero, siendo la cobertura buena, a mi se me ha antojado escasa. Quizá el hecho de que la natación española tuviera algo que pintar en estos campeonatos, por primera vez en bastante tiempo, ha hecho que el espacio dedicado a lo “no español” de los mundiales se viera algo reducido y aquí nuestro apreciado Michael Phelps se ha visto algo perjudicado. Mínimamente perjudicado me atrevería a decir pues tras ganar el Oro el sábado en la final de los 100 mariposa al farruco serbo-estadounidense Cavic, le dedicaron un espacio en la portada, que repitieron el lunes, lo que pone a las claras la conciencia existente en este diario de la magnitud del deportista del que están hablando... deberían aprender otros. A veces, conscientemente, saco mi vena más frivolona, me gusta relajarme yo y, porque no, a los posibles lectores. Hablo de Phelps en términos superlativos y de nimiedades como su peinado, su vello facial, lo bien o mal que le sienta un bañador, etc. A veces me arrepiento de hacerlo porque tradicionalmente a las mujeres se nos ha marginado como espectadoras de deporte. Yo esto lo padezco desde pequeña, supongo que el tener un hermano mayor ha influido en mi carácter y desde muy pequeña estoy enganchada al deporte y por ello siempre he tenido la sensación de que por ello era un poco “chicazo”, a las chicas no se nos permitía disfrutar del deporte (cada hemos ganado más terreno en este sentido también, afortunadamente). Esta norma social me crispa los nervios, que a una chica le guste el deporte tiene que responder o a que es un “chicazo” o a que le gusta físicamente un deportista, vamos a algo frívolo o “ajeno a su naturaleza femenina” ¡no es indignante! porque ¡nada más lejos de la realidad! Una disfruta con el deporte y más con toda esa mística que le rodea, y a la vez nos podemos sentir absolutamente reconocidas con nuestro género. Porque el deporte tiene alma, tiene un componente plástico y es el reflejo, entre otras muchas cosas, de un estado de ánimo. Todavía me pregunto porque muchos (pseudo)intelectuales lo desprecian como alimento de las masas incultas, que autosuficiencia y estrechez de miras.
Vuelvo a Phelps, le admiro profundamente. Creo que es al deportista que más he seguido y admirado a lo largo de mi vida y ya tengo unos años (vale, tengo 25 tacos y la gente de 40 se ofenderá por esto, pero ya me siento con equipaje a las espaldas, modesto, pero equipaje). He visto a Jordan, a Indurain, a Federer, Sampras, Carl Lewis, Armstrong y otros grandes de los que ahora no hago memoria. Pero yo no he visto cosa igual. No os aburriré con mi momento descubrimiento Phelps en 2003 y la sacudida que me produjo cuando le vi nadar, fue una química especial. No voy de mística ni nada pero ya se intuía que ese chico tenía algo especial. De aquella le veía nadar y me emocionaba, saltaba y aplaudía como una tonta mientras en mi casa me miraban con cara rara y cierta suspicacia por mi afición por la natación (llena de hombretones enseñando pectorales, ejem, el deporte perfecto para quedar como una salidilla). Lo impresionante del asunto es que seis años después me sigue produciendo la misma emoción verle nadar. Es un imán, un deportista colosal que hace sombra a todos los que se le ponen al lado. Un ejemplo es la carrera del sábado, la final de los 100 mariposa. Si Cavic se hubiera enfrentado a cualquier otro nadador, un Rafa Muñoz, por ejemplo, y sin querer despreciarle, todo sería distinto. De Phelps lo puedes esperar todo, todo lo bueno claro. Jamás le he visto en una final taparse, esconderse, se vacía, va al límite si lo necesita, no se amedentra. Sus récords del mundo no los bate en las semifinales ¡ahí no se gana nada! Me llamó la atención una de las declaraciones que hizo Rafa Muñoz tras la final. Venía a decir que Phelps se había reservado en las series y en las semis de los 100 mariposa, que se había guardado un as en la manga. Lo decía como si eso fuera algo con lo que no contaba. Me llamó la atención y, sobre todo, me sorprendió. Hay que observar bien poco a Phelps y desconocer su trayectoria para pensar que él va a gastar una gota de gasolina más de la necesaria en las clasificatorias... Mirando su calendario competitivo, apañado iría si nadara todo a tope, su gasto es brutal con tantas pruebas que nadar. En cierto modo, las declaraciones de Muñoz y Cavic antes de la final de los 100 mariposa me parecieron atrevidas y poco inteligentes. Atrevidas porque están hablando del mejor nadador de la historia, un mito viviente, que se merece un respeto, está bien ser ambicioso pero no creerse mejor que el mejor de siempre. Eso se demuestra en la piscina, después de ganarle se pueden llenar la boca diciendo que le han vencido. Por otro lado, me parecen poco inteligente, porque le han picado. Si hay un Phelps invencible es un Phelps motivado y con un grano o varios en el culete. Siempre ha dicho que odia perder, es enfermizamente competitivo, no deja vivas a sus presas.
La final del sábado fue para guardar en video. En principio todo estaba en contra de Phelps (en la anterior entrada en el blog se pone de manifiesto mi acongoje ante la prueba). No voy a negar que a priori pensé que Phelps estaba vendido. Pero todo cambio en el primer largo. La clave estaba en que Cavic, velocista puro, no le sacará una excesiva ventaja en la primera piscina, como hizo en Pekín (tenía además la ayuda de los bañadores mágicos). Cuando habían alcanzado los primeros 30 metros, se veía que Michael iba a ganar. Fue impresionante su primer largo, la distancia visual con Cavic no tenía nada que ver con la que le sacó en Pekín. Le aguantó el tipo. E, increíble, la carrera que parecía que ganaría Cavic con cierta rotundidad, a mitad de carrera ya se sabía su resolución, ganaría Phelps. Tras el viraje impresionante comienza la apisionadora a recortar distancia. La mariposa es el estilo en el que más miedo me da Phelps, esa manera de batir que parece que se va a comer lo que tenga por delante, me pone la piel de gallina. El final apretado pero ganado con rotundidad para acabar con varias dudas de un tirón: las que todavía persisten de la final olímpica de Pekín y las generadas en Roma (tras su derrota en los 200 libres y las declaraciones provocadoras de Cavic que le había “robado” el récord de los 100 mariposa – tan anhelado por Phelps desde 2003 -, en las semis). Su estallido de rabia y cómo se estira el bañador, una prueba de su carácter y una reivindicación en el sitio correcto, en la piscina y no en la rueda de prensa. Reconoceré una maldad, me gustó algo que hizo Phelps que no estuvo bien, ignoró a Cavic en la piscina y salió enrabietado de la misma. Esa prueba de carácter es una clara prueba de que tenemos Phelps para rato, Phelps grande, hambriento, con retos, motivado, ¡qué más se puede pedir! Bueno algo más sí, verle algún día nadar en directo, en alguna final olímpica, de mundial (cómo te envidio Pauleta
) . Se podía pedir también que fuera eterno, que no envejeciera.
Por último, tras un kilométrico post con muchas idas de pinza (son más de las 12 de la noche y estoy muy cansada hoy). Lo más traumático de los Juegos para Michael, perder la final de los 200 libres, personalmente no me dejó mal regusto de boca del todo. Biedermann, bueno una foto suya, ha pasado a formar parte de la taquilla de Phelps. Le verá todos los días, cada mañana. Una nueva pieza para mantener la voracidad del tiburón de Baltimore. El año que viene se presenta muy poco ajetreado, con pocas noticias (los Pan pacíficos, serán lo más interesante) , aunque en el blog seguiremos a lo que salga. Un blog que comenzó siendo de variedades y que poco a poco me ha monopolizado el genio, que tío, nunca tiene suficiente.

Hay una categoría superior a la de gran estrella del deporte. Es la del campeón que sale vencedor de las grandes rivalidades. Muhamad Ali necesitó de sus fieros combates con Joe Frazier para pavimentar definitivamente su leyenda. Larry Bird y Magic Johnson construyeron sus respectivos mitos a través de casi 13 años de enfrentamientos en la Liga Universitaria y en la NBA. Lo mismo hicieron Bill Rusell y Wilt Chamberlain, Carl Lewis y Ben Johnson, Jack Nicklaus y Arnold Palmer, y después Jack Nicklaus y Tom Watson. La rivalidad no solo consagra al vencedor, sino que dispara la popularidad de cualquier deporte. Michael Phelps es la demostración de este viejo axioma.
Phelps ha ganado 14 medallas de oro en los Juegos Olímpicos, ha batido tres decenas de récords mundiales y se ha establecido como el mejor nadador de todos los tiempos. Pero podría haber pasado a la historia como un campeón aburrido, un adelantado a su tiempo que no encontró los rivales suficientes para añadir a su perfil los rasgos de los mitos. Para un aficionado al deporte, las hazañas de Phelps en muchas de las pruebas se desdibujan por la falta de referentes. Es cierto que ha derrotado a excelentes adversarios en cada uno de sus éxitos en los 200 metros libres, 200 metros mariposa, 200 y 400 metros estilos. Nadadores como su compatriota Ryan Lochte y el húngaro Laszlo Cseh figuran por derecho entre los mejores de esta época. Sin embargo, al aficionado común le cuesta recordar sus nombres. No son generadores de una rivalidad que trascienda a la natación.
Lo que convierte a Phelps en algo más que una leyenda es su capacidad para ganar aquellas rivalidades que supuestamente no debía vencer. Su excepcional trayectoria está marcada por nueve años de éxitos, pero finalmente serán dos nombres los que colocarán a Phelps a la altura de los grandes genios. Uno fue Ian Crocker. El otro, Milorad Cavic. Los dos han exigido de Phelps actuaciones asombrosas en los 100 metros mariposa. Los dos han sido actores de una rivalidad histórica.
Desde los Mundiales de Barcelona 2003, donde Ian Crocker se impuso en la final, la prueba de 100 metros mariposa nunca ha contado con Phelps como favorito indiscutible, y en muchos casos ni como favorito. Sin embargo, siempre ha encontrado la manera de derrotar a sus dos fenomenales adversarios. Su capacidad competitiva estalla cuando se mide a gente que aparentemente dispone de tantas o más cualidades que él. Crocker le derrotó en Barcelona 2003 y en Montreal 2005, pero Phelps le derrotó por un dedo en los Juegos de Atenas. Lo mismo ocurrió en los Mundiales de Melbourne.
Cavic ha sucedido a Crocker. Es un sprinter puro, un fabuloso velocista que no tendría rival si la sombra de Phelps no planeara sobre la natación. En los Juegos de Pekín, perdió por una centésima en la carrera que aseguró las ocho medallas de oro del estadounidense. En los Mundiales de Roma trituró el récord mundial de Phelps en las semifinales y se le dio como seguro vencedor. Tenía dos ventajas: su marca y su bañador, más impermeable que el de Phelps. El español Rafa Muñoz declaró en las vísperas de la carrera que el primer puesto ya estaba asegurado: era de Cavic. Era lo lógico. Pero la lógica de Phelps es diferente. Donde encuentre el mayor de los desafíos ofrecerá la mejor de sus versiones.
En la final desplegó la clase de fuego que sólo está al alcance de los dioses del deporte. Atacó a Cavic con la vehemencia de los depredadores. No le concedió la ventaja que suponía Cavic en los 50 metros. No le dio el segundo de ventaja que esperaba el serbio. No pasó séptimo por la mitad de la carrera, como en Pekín. Cuando regresaron del muro, Cavic se encontró con Phelps apenas a un metro. El impacto fue evidente. Lo imposible sucedía de nuevo. Volvía el genio de la natación. Como tantas veces ocurrió con Crocker, tal y como aconteció en Pekín frente a Cavic, Phelps destrozó a su rival en los últimos metros, esta vez para bajar por primera vez de los 50 segundos y para imponerse en una prueba que le hace más grande que nadie. Y eso se lo debe en gran parte a los dos adversarios que le han procurado una rivalidad inolvidable
Fuente: marca.comEl chico de Baltimore, que ya tiene 24 años, tenía mucho que perder en Roma. En los Juegos Olímpicos de Pekín el verano pasado se había convertido sin lugar a dudas en el mejor nadador de la historia. En la capital italiana usaba un bañador permeable que, de salida, lo situaba varias décimas por detrás de sus competidores embutidos en monos de goma. Se había pasado seis meses sin entrenarse después de los Juegos y no estaba en su mejor punto de forma. Además, las grandes corporaciones, sus clientes publicitarios, lo miraban con recelo tras la publicación de una foto en la que se le veía con una pipa de marihuana en una fiesta universitaria.
En este escenario adverso había que tener una motivación irracional para tirarse a una piscina a nadar los 100 metros mariposa contra dos tipos que amenazaban con bajar de 50 segundos. Uno era Cavic, el serbio, que tenía el récord del mundo con 50,01s. El otro era el español Rafael Muñoz, plusmarquista mundial de 50 mariposa. Dos balas enfundadas en material deslizante. Dos desafíos monumentales.
Rafa salió de la cámara de salidas y se quedó perplejo mirando el espectáculo que ofrecían Cavic y Phelps en su ritual duelístico. El cordobés se quedó tan fascinado que tal vez ganó el bronce por eso. Su táctica consistió en unirse a Cavic y nadar los primeros 50 a toda mecha para dejar a Phelps demasiado lejos en el viraje. "He salido bastante bien y he cogido a Cavic. Pero él ha hecho un viraje bastante rápido y me ha adelantado", recordó más tarde el español. "Tendría que haber pasado con él. Luego a la vuelta, en los últimos 25, he levantado el freno de mano y he quemado todo el combustible que me quedaba".
Rafa nadó bien. Llegó a la primera pared en segunda posición, por detrás del serbio y por delante del americano. Hizo 23,24s. Cavic hizo 22,69s. Phelps pasó el último con 23,36. Su entrenador, Bob Bowman, estaba tan nervioso que no miró la carrera. Sólo el panel que anunciaba el parcial. "Cuando vi que hacía 23,36 supe que ganaría", dijo; "ha sido su parcial más rápido".
Cavic se asombró: "No creí que Phelps me seguiría tan de cerca en los primeros 50. Cuando hicimos el viraje supe que el final sería apretadísimo. Tal vez gasté demasiada energía en la salida". La última piscina fue un calco de la final de Pekín. Una persecución maravillosa. Phelps, el depredador, en vuelo rasante tras las codornices. Primero pasó a Rafa. En los últimos 10 metros se ocupó del serbio. Lo superó en la última brazada, como en la capital china. Calculó mejor las brazadas. Optimizó su energía. Tenía la carrera en la cabeza antes de nadarla.
"Él se ha reservado energía en la semifinal y en las series", ponderó Rafa. "Siempre se guarda un as en la manga. Ha sido la carrera más rápida de la historia. Hemos nadado a dos metros por segundo. Ellos dos han conseguido bajar de 50s. ¡Un pecado! Cuando hemos terminado me le he acercado y me he dicho: 'Si le llamo Mike pensará que me dirijo a Mike Cavic. Así que le dije: '¡Phelps! ¡Good race!". "Yo lo miro", decía Rafa; "y tiene la misma estatura que yo, la misma espalda, hace los gestos idénticos a mí... ¡pero él es Michael Phelps!".

por el desarrollo tecnológico al que abrió la veda hace unos diez años. Pero yo voy más allá del componente comercial y económico que, evidentemente, se trasluce bajo toda esta polémica. A mi me interesa la natación como deporte, no como negocio. Y los ejemplos prácticos que avalan esta posición en contra de los "bañadores mágicos" son múltiples. Revisitemos la final de los 200 m. libres del pasado martes. Aquella en la que Phelps fue doble y dolorosamente batido por un alemán, Biedermann, que embutido en un Arena de última geneación, le ganó por un cuerpo destrozando su récord mundial ¿Quién es este nadador alemán a todas éstas? Resulta que Biedermann nadó el año pasado contra Phelps la final olímpica en Pekín, quedó sexto. Si comparamos la evolución en tiempos de este alemán entre el año pasado y éste, ha mejorado su tiempo en los 200 libres unos 6 segundos... no me he equivocado ¡6 SEGUNDOS ! En menos de un año este chico, en una prueba "corta" ha rebajado su mejor marca personal en 6 segundos, con todos mis respetos, eso no lo consigue ni el mejor nadador de la historia (sí, Phelps) en dos años entrenando los 365 días del año. A lo que quiero llegar, que creo que es evidente, el alemán no ha ganado porque sea mejor nadador que Phelps, le ha batido porque su bañador le confería una ventaja brutal (se habla de más de 1 segundo por hectómetro). El bañador hasta ahora era un instrumento al servicio del nadador, que le permitía mayor deslizamiento, pero no ganaba una carrera. Es evidente que ahora sí lo hace, las tornas se han cambiado. Desde el momento en que un sólo nadador, de las decenas que han competido en estos mundiales, no nada con un bañador de última generación, la competición está adulterada, no está en igualdad de condiciones. Es una opinión personal, que muchos compartirán y otros muchos no, pero mal vamos cuando los protagonistas de la natación han dejado de ser los nadadores y lo son los bañadores. Me duele ver a grandes campeones caido a la cola de los tiempos históricos en apenas un año, como es el caso de Thorpe, Van den Hoogenband, Hackett. Quienes los superan, con todos mis respetos, son nadadores que colocados a su lado son mediocres.
: Ya estamos en competición!!!! segunda jornada de los trials y las dos primeras victorias para el baltimoreño MICHAEL HABLA ANTES DE LOS TRIALS "Tengo Asuntos pendientes"
INDIANÁPOLIS (ESTADOS UNIDOS).- El nadador estadounidense Michael Phelps asegura que tiene "asuntos inacabados" y que por ello mantiene su motivación intacta pese a haber ganado ocho medallas de oro en los Juegos de Pekín del pasado verano.
El de Baltimore, que este año sufrió una sanción de tres meses por parte de su federación por aparecer en un periódico fumando marihuana, será la gran estrella de los Campeonatos Nacionales de los Estados Unidos, que dan comienzo en Indianápolis y que congregarán a los mejores nadadores del país en busca del billete para los Mundiales de Roma.
"Estoy deseando nadar de nuevo aquí en Indianápolis. Todavía tengo tiempos que quiero batir y objetivos personales, tengo asuntos inacabados. Pero el objetivo es clasificarnos para los Mundiales de Roma", señaló Phelps.
El nadador subrayó que cuando ponga fin a su carrera deportiva quiere "poder mirar atrás" y decir que hizo "todo lo que quería hacer". "Lo único que me mantiene motivado son los objetivos que tengo", reiteró.
Por ello, Phelps nadará en Indianápolis en los 100 y 200 libres, y en los 100 y 200 mariposa. En caso de clasificarse, decidirá posteriormente en cuáles participará en la Ciudad Eterna.
Las dudas recaen sobre todo en la prueba reina de la velocidad. "No me importa si soy el favorito o no, pero tengo la oportunidad de dar un paso adelante y competir con los mejores, que es lo que me divierte", advirtió el americano.
"Mi hobby favorito es nadar y todavía me encanta competir. Afortunadamente, tengo algunas carreras buenas en Indianápolis y luego tengo que ir a Roma y tener algunas más", añadió al respecto.
El de Baltimore, plusmarquista mundial de los 200 mariposa y libre, marcó hace dos semanas en Montreal (Canadá
un tiempo de 50.48 en los 100 mariposa, a ocho centésimas del récord de su compatriota Ian Crocker.
"Quizás estoy un poco más rápido de lo que podría pensar a esta altura de temporada, y estoy feliz por ello", afirmó el ocho veces campeón olímpico en Pekín, que nadará "con el bañador Speedo de toda la vida" y no con ninguno de los 'mágicos'.
Fuente: elmundo.es


Well I sit here
Sentimental footsteps
and then a voice said hi, so,
So What ya got, what you got this time?
Come on let's get high
Come on 'lex oh
What you got next oh,
Walking 25 miles oh,
Well I'm Bored
I'm Bored
C'mon lets get high
C'mon Lets get high
C'mon lets get high
High
Well I found a new way
I found a new way
C'mon don't amuse me
I don't need your sympathy
LA LA LA LA LA
Ulysses
I found a new way
Well I found a new way baby
My Ulysses
My Ulysses
Now, what you want now boy?
So sinister
So sinister
But last night was wild
Whats the matter there?
Feeling kinda anxious?
That hot blood grow cold
Yeah everyone, everybody knows it
Yeah everyone, everybody knows it
Everybody knows aah
LA LA LA LA LA
Ulysses
I found a new way
Well I found a new way baby x2
No, no
Then suddenly you know
You're never going home
You're never x6
You're never going home
You're not Ulysses
Baby
No, la la la la,
You're not Ulysses
Baby
No, la la la l

Frente al juego de sacamuelas y tono épico de los madridistas, el Barça resultó sinfónico. Se puso de etiqueta, bailó en Chamartín y laminó el safari madridista de los últimos 17 partidos. Uno y otro expusieron su versión más real. El equipo de Guardiola, el más operístico de la temporada, debía mostrar su carácter competitivo ante una situación casi extrema. Del Madrid, que a toque de tambor había mantenido la Liga en vilo con un espíritu conmovedor, se intuía un arrebato definitivo. No hubo debate: el Barça fue mejor en todo, en lo fino, en lo grueso. El Madrid no tuvo respuesta, no le llegó el sudor que le había hecho soñar con el título. El Barça resultó de otro planeta, condujo a la rendición al irreducible Madrid de Juande.
Si hubo más emoción de la cuenta fue por la divinidad de Casillas, junto a Raúl y el ausente Guti la única coartada étnica del madridismo. Enfrente, Xavi, padre junto a Guardiola de la admirable y productiva ingeniería genética azulgrana, manejó el encuentro con su toque homérico. A cada azote del Madrid, que hizo pagar las únicas debilidades barcelonistas -la poca chicha de Abidal ante Robben y el peaje de Puyol, demasiado disperso en el eje defensivo-, respondió Xavi, jugador con más jerarquía que focos. Xavi, en plenitud, es un homenaje al fútbol. A todos los sistemas: el que premia al alquimista que advierte el pase que nadie ve o el pícaro que con cuerpo de ratón es capaz, por su apego a la pelota, de rescatarla ante espartanos como Lass. Como intérprete activó a Puyol en el 1-2; como amante del balón, citó a Messi con Casillas en el 1-3 tras birlarle el sustento al segundo Diarrà; animó a Henry en el 2-4, e hizo otro guiño a Messi en el 2-5. Desde Cruyff en 1974 -guionista de otra inolvidable noche del Barça en el Bernabéu con aquel 0-5- no ha habido un solista azulgrana semejante en el Bernabéu. Hubo un día en el que Ronaldinho fue Ronaldinho; anoche, Xavi fue todo un equipo. Al Barça le bastó con su senado, las picaduras de Messi y Henry, y un novel camino de la posteridad: Piqué, la mejor noticia para el fútbol español en lo que va de temporada. Sobrio, concentrado, adulto, con recursos para el quite y la salida, y hasta con gol. Con Xavi al compás y la extraordinaria solemnidad de Piqué, Messi puso la puntilla a ese Madrid babélico tuneado por Juande en los últimos meses. Salvo frente al Liverpool y el Barça, la clase alta del fútbol europeo. El conjunto azulgrana es de otro reino. Por mucho que se rebobine no hay rastro de un equipo que haya jugado tantos buenos partidos en una misma temporada, y sin descartar ningún reto. Filias y fobias aparte, este Barça es un lujo para el fútbol. Con 2-5, cualquiera estaría de rondito a la espera de que bajara el telón. Este Barça, no. Con 2-5, Piqué, un central, llegó al gol en el 2-6. El cuadro azulgrana ni siquiera precisó de la mejor versión de Eto'o, alejado a una orilla para que Messi retratara a los centrales blancos. Lo mismo dio. El Madrid fue un títere a los pies de un equipo de trazo celestial, ancho, profundo, arabesco, sabio y firme. Salvo el arranque de Robben, no hubo madridista que ganara su duelo: sin pistas de Raúl; Ramos se quedó en tanga ante Henry; Gago y Lass debieron sacar a hombros a Xavi; Marcelo fue el Marcelo que llegó... Así, uno tras otro. Jamás en la historia hubo recital azulgrana similar en el Bernabéu, silencioso ante los versos azulgrana.
Habrá un antes y un después de semejante gala. Habrá un antes y un después de Pep Guardiola, guardián de un santoral que recibió de Johan Cruyff y que lleva camino de purificar aún más. Pep, muy por encima de ese estreñimiento dialéctico que a veces prevalece en el fútbol, ha desmentido a esos paniaguados que le esperaban con el garrote, incapaces de perdonar su verbo mesurado, su buen gusto y discreción. Hasta el punto de liderar la segunda mayor goleada encajada por el Madrid en su feudo: la primera correspondió al Athletic.
Con Pep al frente, el Barça despejó cualquier discusión. Los puntos y los goles distinguen a este Barça; los adjetivos inundan sus crónicas. Llegado el día clave, el Madrid, sometido de principio a fin, cayó en la orilla. Su esmero merece un titular. Lo del Barça en Chamartín, lo del Barça en toda la temporada, quedará como un incunable en la bibliografía del fútbol español. Y del transfronterizo, donde España, con el modelo azulgrana, también marca tendencias. En definitiva, el Barça hizo doblete: ganó y deleitó, porque de él se esperan ambas cosas. Tan imponente es su obra que no caben éxitos mundanos. Otro mérito de Guardiola, decidido a pilotar a su grupo hacia la trinidad final. Sólo la fabulación ya merece un homenaje póstumo. El señorío obliga: el Madrid jamás olvidará a este Barça tan lírico.


Uno de los grupos más interesantes del pop británico de los últimos 10 años, Starsailor, anunciaba la inminente publicación ya hace algunas semanas de su nuevo disco All The Plans, siendo su single el tema “Tell Me It’s Not Over”. Pues resulta que al vocalista de The Killers, Brandon Flowers, le gustó tanto la canción que decidió hacer un remix de la misma junto al productor Stuart Price. Los rumores dicen que algún ejecutivo discográfico pensó que no era una buena idea editar este remix, pero como siempre pasa, alguien un poco más pensante decidió subirlo a la red y arruinarle el plan. Lo acabó de descubrir y estoy macroemocionada con la versión que ha hecho Flowers, no difiere demasiado de la original, pero tiene algo más de ritmo (que le viene de perlas), y además Flowers incorpora su voz en los coros, y hace una mezcla final que rompe, todo un jitazo que te martillea la cabeza, directa para el mp4:
LETRA:
Thought I'd lost you once again
All that drinking bought some trouble to our name
Late at night I feel no shame
All my old world stories take me back again
Now the lights out
I discover
She is sleeping
With another
Oh tell me it's not over
What a place to seal your fate
A deserted car park not even a date
Please don't tell me it's too late
If you looks someone don't throwin all the way
Starsailor Lyrics on
Now the lights out
I discover
Just a weekend
Undercover
Tell me it's not over
Tell me it's not over
Tell me it's not over
Now the lights out
I discover
Just a weekend
Undercover
Now the lights out
I discover
She is sleeping
With another
Tell me it's not over
JAMES FRANCO 


JORDI COSTA 06/02/2009
Como recordaba en su texto Ecos de la era del jazz, Francis Scott Fitzgerald era casi tan joven como su época cuando, en los acelerados años veinte, consagraba su arte a "decirle a la gente que él sentía lo mismo que ella, que había que hacer algo con toda la energía nerviosa acumulada y no gastada durante la guerra". El protagonista de su relato El curioso caso de Benjamin Button, publicado en la revista Collier's en 1921, nacía en 1860 con aspecto de septuagenario y rejuvenecía hasta su comunión con la nada a principios de los veinte: una temprana intuición de que toda infancia es, como la vejez, un estado de inquietante proximidad con la inexistencia, de que nada humano escapa a la condena del tiempo. Espejo invertido de una humanidad que avanza de la inocencia a la senectud, la presencia desincronizada de Button entre sus semejantes subraya que, en definitiva, todo lo que nace ha comenzado ya a morir, que nadie se puede rebelar contra la finitud de las fiestas. De manera significativa, el relato se abría en clave grotesca, para dejar entrar la desesperación en su tramo final.
La idea del personaje con cronología invertida, que puede remontarse a Platón, ha tenido afortunadas modulaciones en algunos relatos de J. G. Ballard -Tiempo de pasaje y El señor F. es el señor F.- y en novelas como Las confesiones de Max Tivoli, de Andrew Sean Greer, trabajo cuyos lectores sospechan referente secreto en la libre adaptación (o, más bien, amplificación) que David Fincher y Eric Roth han hecho del relato de Fitzgerald.
La película confirma al David Fincher pos-Zodiac como visionario en completo dominio de la caligrafía de la obra maestra: la duración roza las tres horas, pero el cineasta parece haber invertido una eternidad en perfeccionar cada plano con la excelencia como único destino posible, consecuente estrategia a la hora de reflexionar sobre lo efímero de todo instante. No hay, pues, un segundo carente de valor en esta propuesta colosal, pero son sus dos especulares historias de amor -las que mantiene el prodigioso Pitt con los personajes de Tilda Swinton y Cate Blanchett- las que cargan de sentido el conjunto y acreditan a Fincher no sólo como alguien capaz de dar cuerpo y verosimilitud a lo imposible, sino también como un artista dotado para hacer visible y descifrable lo intangible y lograr que, bajo el barroquismo formal, se perciba el brote del afecto o la asunción de la pérdida.





